Establecida en 1898 en el corazón de la Ribera del Duero, la familia Alcázar ha cultivado durante cinco generaciones los viñedos de mayor altitud de la denominación. A 900 metros sobre el nivel del mar, los veranos cortos e intensos y las noches frías dan lugar a uvas de concentración excepcional.
Rojo rubí profundo con reflejos granates. Capa alta, brillante, limpio. Lágrimas lentas y persistentes en copa que anticipan la concentración glicérica del vino.
Primera impresión de fruta roja madura: cereza negra, ciruela, mora. La crianza en roble francés aporta notas de vainilla, cedro y especias dulces. Tras airear, aparecen matices de cuero, tierra húmeda, grafito y una discreta nota floral de violeta.
Entrada amplia y aterciopelada. Taninos finos, bien integrados, de textura sedosa. La acidez equilibra la potencia frutal. Final muy largo, con retronasal de especias y tabaco. Persistencia superior a los 45 segundos.
Cordero asado, cochinillo, carnes rojas con salsas complejas, quesos semicurados. Temperatura de servicio: 16–18°C. Decantación recomendada de 60 minutos. Potencial de guarda: 2025–2040.
En 1898, don Esteban Alcázar adquirió las primeras vides en el páramo castellano de Quintanilla de Arriba. Reconoció en la altitud y en los suelos de arcilla y canto rodado el potencial para producir un Tempranillo de primer nivel.
Hoy, bajo la dirección de la quinta generación, los 48 hectáreas de viñedos —con cepas de entre 40 y 90 años— producen entre 80.000 y 100.000 botellas anuales, siempre con criterio de calidad por encima del volumen.