Antes del poster, antes de la Bauhaus, antes de la identidad corporativa y mucho antes de la pantalla, existía la columna. Estrecha, justificada, apretada entre filetes negros, la columna periodística fue la primera grilla del diseño gráfico moderno. Y sigue siendo, cuatro siglos después, la más resistente.
La tradición del diario impreso organiza la información en una retícula vertical que divide la página en cuatro, cinco, seis o hasta ocho columnas. Esta estructura no es arbitraria: responde a la fisiología del ojo humano, que lee con mayor comodidad líneas de entre 45 y 75 caracteres. La columna angosta, ese invento del siglo XVII, resolvió un problema que el diseño web redescubrió trescientos años después.
El sistema de grilla periodística estableció convenciones que hoy damos por sentadas: la jerarquía visual mediante tamaño de titulares, el uso de filetes para separar contenidos, la capitular como punto de entrada al texto, el texto justificado como señal de formalidad. Cada página de un broadsheet es una lección de arquitectura tipográfica.
Lo notable es la economía del sistema. Un diario broadsheet como el formato estándar de 600 × 380 mm contiene más texto por página que cualquier otro medio impreso. No hay márgenes generosos ni espacios blancos contemplativos. Cada milímetro se negocia entre redacción y publicidad. El resultado es una densidad informativa que ningún sitio web ha logrado replicar.
Los diseñadores modernos, formados en la tradición del espacio blanco y el minimalismo, miran al diario con cierto desdén. Pero olvidan que la grilla periodística resolvió el problema más difícil del diseño: organizar cantidades masivas de información heterogénea en un espacio limitado, de manera que cualquier lector pueda navegar sin instrucciones.